
Ruth Bader Ginsburg falleció el 18 de septiembre de 2020, desatando una enorme controversia política. A pesar de todo, algo es innegable: Ginsburg fue una pionera en el campo del derecho y merece ser recordada por todo el bien que logró como estudiante, madre, profesora, defensora, abogada, jueza, Magistrada de la Corte Suprema e ícono cultural.
“Mi madre me dijo que fuera una dama. Y para ella, eso significaba ser tu propia persona, ser independiente.”
Ginsburg tuvo una vida relativamente tranquila hasta que se graduó con los mejores honores de la Universidad de Cornell en 1954, lo que le abrió las puertas para convertirse en una de las apenas nueve mujeres (de una clase de 500 estudiantes) en ingresar a la Facultad de Derecho de Harvard. Allí, asumió una triple carga: ser estudiante por ella y por su esposo (quien fue diagnosticado con cáncer testicular) y ser madre a tiempo completo.
“Las mujeres pertenecen a todos los lugares donde se toman decisiones. No debería ser que las mujeres fueran la excepción.”
Antes de conseguir su primer empleo como profesora de derecho en la Universidad de Rutgers, Ginsburg pasó una temporada en Suecia como directora asociada del Proyecto de Procedimiento Internacional de la Facultad de Derecho de Columbia, dando así sus primeros pasos en el camino hacia la igualdad de género. Poco tiempo después, se convirtió en la primera mujer con cátedra titular en la Facultad de Derecho de Columbia, co-escribió el primer libro de casos universitario sobre discriminación por sexo, y co-fundó tanto el Women’s Rights Law Reporter (la primera y única revista dedicada exclusivamente a los derechos de la mujer) como el Proyecto de Derechos de la Mujer de la ACLU.
“Lucha por las cosas que te importan, pero hazlo de una manera que invite a otros a unirse a ti.”
La pasión de Ginsburg por la igualdad de género le dio la oportunidad de luchar tanto por hombres como por mujeres. De los seis casos que argumentó ante la Corte Suprema, ganó cinco, entre ellos su lucha por el derecho de un viudo a recibir beneficios del seguro social mientras criaba hijos menores, y su argumento en contra del servicio de jurado opcional para las mujeres. También redactó el escrito jurídico para el caso Reed v. Reed, extendiendo la Cláusula de Igual Protección de la Decimocuarta Enmienda a las mujeres, y participó como Amicus en un caso que favorecía a los hombres sobre las mujeres en las asignaciones de vivienda para cónyuges militares. Más allá de la igualdad de género, Ginsburg también luchó arduamente por la igualdad de los afroamericanos y los pueblos indígenas.
“Me gustaría ser recordada como alguien que usó cualquier talento que tenía para hacer su trabajo de la mejor manera posible.”
Ginsburg continuó su carrera en el Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, antes de convertirse en la segunda mujer en ser nombrada Magistrada de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Con el tiempo, se convirtió en un ícono de la cultura popular, ganándose el apodo de “Notorious R.B.G.” por sus apasionados votos disidentes. Entre sus numerosos reconocimientos y distinciones, los más destacados incluyen el Premio Thurgood Marshall de la Asociación Americana de Abogados en 1999, su incorporación al Salón Nacional de la Fama de las Mujeres en 2002, y su presencia en la lista de las 100 mujeres más poderosas de la revista Forbes durante 7 años consecutivos a partir de 2004. Para cuando Kate McKinnon dio vida a la “Ginsburn” en Saturday Night Live, Ruth Bader Ginsburg ya había forjado un legado —en su vida, en los tribunales y en el mundo— del que cualquiera se sentiría orgulloso.
“El cambio real, el cambio duradero, sucede un paso a la vez.”


