Mar 28, 2017

Como sociedad, todos queremos darles a nuestros niños una vida feliz, segura y saludable. Eso no significa que no existan personas que, de forma deliberada o accidental, dañen o descuiden a sus hijos. Cuando eso ocurre, generalmente hay alguien dispuesto a cuidar al menor con amor y responsabilidad. Para la mayoría de quienes desean hacerse cargo de un niño que no es su hijo biológico, establecer una tutela suele ser la mejor opción.

La tutela es el otorgamiento de derechos legales —que pueden ser temporales— a una persona que no es el padre o madre biológico de un menor. Esto le permite al tutor asumir las responsabilidades económicas, médicas y afectivas que implica cuidar a un niño. El tutor puede ser un familiar, un amigo o un cuidador de crianza. Muchas personas confunden la adopción con la tutela porque es el proceso que más conocen. Sin embargo, cuando se adopta a un niño, los padres biológicos renuncian a todos sus derechos sobre él, lo que les impide tener cualquier participación en su vida, incluso si en el futuro están en condiciones de brindarle un cuidado adecuado.

Existen muchas razones por las que alguien puede solicitar la tutela de un niño, entre ellas:

  • Los padres han fallecido.
  • El niño vive en condiciones inseguras debido al abuso de drogas, alcohol, maltrato físico o psicológico.
  • Los padres biológicos no pueden alimentar ni vestir a su hijo, no tienen ingresos estables ni acceso a atención médica adecuada, o han abandonado al menor.
  • El padre o la madre biológico pertenece a las fuerzas militares y debe ser desplegado.
  • El padre o la madre está encarcelado.

Una de las razones que hace de la tutela una mejor opción en la mayoría de los casos es que no es permanente. En primer lugar, la responsabilidad sobre el menor termina cuando cumple dieciocho años. Más importante aún, a menos que los padres biológicos hayan fallecido, la tutela deja abierta la posibilidad de reunir al niño con ellos. En la tutela, los padres no pierden sus derechos, lo que significa que, si el tribunal determina que uno o ambos padres están en condiciones de brindar un cuidado adecuado, pueden recuperar la custodia. Salvo que el tribunal disponga lo contrario, los padres también pueden conservar una variedad de derechos, incluido el de visita.

También existe la tutela del patrimonio, que le permite a una persona administrar y proteger los ingresos, el dinero y los bienes del menor hasta que cumpla dieciocho años. Por lo general, la misma persona recibe ambas tutelas, aunque en algunos casos esta responsabilidad puede dividirse entre distintas personas. Si vas a ser tutor de un patrimonio, consulta siempre con un abogado, ya que cumplir con las obligaciones fiduciarias correspondientes es de suma importancia.

Proporcionar un ambiente seguro y saludable para un niño es una responsabilidad enorme. Asegúrate de estar preparado buscando un acuerdo de custodia que beneficie tanto a ti como al menor y, en muchos casos, también a los padres biológicos.